Obras del Mundial en CDMX afectan movilidad: Línea 3 del Metro genera incertidumbre
Obras del Mundial afectan movilidad en CDMX: Línea 3 del Metro

El costo oculto del Mundial: Obras en CDMX paralizan la movilidad diaria

En medio de la euforia por el llamado Año Mundialista, la Ciudad de México enfrenta una realidad menos glamorosa: un colapso progresivo de su movilidad urbana debido a las múltiples obras de infraestructura programadas. El proyecto más emblemático y preocupante es la anunciada remodelación de la Línea 3 del Metro, una de las arterias más vitales del transporte colectivo capitalino.

Una línea crítica y un presupuesto millonario

Según datos oficiales obtenidos mediante solicitud de información con folio 090173726000031 a la Secretaría de Transporte Colectivo, la Línea 3 del Metro transporta anualmente la impresionante cifra de 173,346,316 personas. Para la primera fase de su remodelación, se han destinado 5 mil millones de pesos del presupuesto aprobado para el Metro en 2026, con el inicio de obras previsto pocos meses después de la conclusión del torneo mundialista.

Este megaproyecto no está solo. Se enmarca en un mosaico de intervenciones simultáneas que incluyen la construcción de la ciclovía La Gran Tenochtitlan, la Línea 14 del Trolebús entre Ciudad Universitaria y Huipulco, la adecuación de la Terminal Taxqueña del Tren Ligero, la instalación de nueva tubería de drenaje alrededor del Circuito Azteca, y la renovación de banquetas e iluminación en Acoxpa.

El caos vial se instala en zonas residenciales

Si bien estas obras afectan teóricamente a toda la ciudad, su impacto se concentra con severidad en las zonas aledañas al Estadio Banorte, sede de cinco partidos del Mundial. La concurrencia de tantas intervenciones ha desencadenado un cóctel perfecto de problemas:

  • Incremento exponencial del tráfico vehicular.
  • Obstrucción de vialidades por maquinaria pesada y escombros.
  • Dificultades severas para el tránsito peatonal.
  • Contaminación por polvo, cuya inhalación representa un riesgo para la salud.

Las colonias más afectadas son Santa Úrsula y Coapa, áreas de carácter predominantemente residencial donde miles de personas dependen diariamente del transporte público para trabajar, estudiar y realizar sus actividades cotidianas.

El rostro humano del colapso: el caso de Liliana

La teoría se materializa en historias como la de Liliana, residente en Circuito Azteca que trabaja en Polanco. Desde el inicio de las obras, su trayecto diario se ha prolongado hasta en una hora adicional. El Tren Ligero que solía tomar ya no llega a la terminal Taxqueña, forzándola a abordar un RTP que navega por la congestionada Calzada de Tlalpan.

En su búsqueda desesperada por rutas alternas, Liliana optó por las vagonetas de la Ruta 95. Sin embargo, los cierres viales obligan a recorridos alternativos que añaden hasta 20 minutos más a su viaje. El resultado es devastador: 4 horas diarias dedicadas únicamente a movilizarse. Los retrasos constantes le han ocasionado descuentos en su salario e incluso amenazas de despido.

Como Liliana, cientos de personas ven sus vidas trastocadas por estas obras, cuyas fechas de conclusión permanecen inciertas.

El derecho a la movilidad: un concepto en riesgo

En este contexto, surge con urgencia la discusión sobre el derecho a la movilidad. Este derecho fundamental implica que todas las personas puedan elegir libremente cómo trasladarse para acceder a bienes, servicios y oportunidades. Requiere un sistema integral en buen estado, con mantenimiento constante, operado por personal capacitado, seguro, inclusivo, eficiente y accesible para todos los grupos sociales.

Lamentablemente, la experiencia reciente con la remodelación de la Línea 1 del Metro no es alentadora. Iniciada en 2022, esa intervención estuvo marcada por retrasos significativos que extendieron las obras por más de tres años y elevaron su costo total a la astronómica cifra de 37 mil millones de pesos. Este precedente oscuro subraya la necesidad crítica de una planeación adecuada que evite afectaciones desproporcionadas y garantice un uso eficiente de los recursos públicos.

La opacidad que preocupa: sin planes de mitigación

Lo más alarmante es la ausencia total de información pública sobre medidas para mitigar los impactos de la remodelación de la Línea 3. Mediante solicitudes de acceso a la información presentadas en enero de 2026 (folios 90163026000065 y 090173726000031), tanto la Secretaría de Movilidad como el propio Sistema de Transporte Colectivo Metro admitieron no contar con documentación oficial sobre rutas alternas, ni con estudios de impacto ambiental y social relacionados con este proyecto.

Esta falta de transparencia técnica y operativa, a escasos meses del inicio de los trabajos, sugiere un riesgo real de repetir los errores de la Línea 1. El derecho a la movilidad no se garantiza solo con presupuesto, sino con rendición de cuentas que permita a la ciudadanía conocer, anticipar y evaluar las medidas ante el cierre de una arteria vital del transporte capitalino.

Más allá del Mundial: la necesidad de una planeación urbana real

Los problemas de movilidad en la Ciudad de México no nacen ni morirán con las obras del Mundial. Una planeación urbana genuina exige que las autoridades elaboren y ejecuten una estrategia de movilidad clara, concreta y pública. Es crucial recordar que el derecho a la movilidad trasciende el mero traslado; exige condiciones de calidad, seguridad, higiene, eficacia, accesibilidad e igualdad para todos.

El Mundial 2026 se construye, literalmente, sobre el tiempo, el esfuerzo y la paciencia de quienes sostienen la ciudad cada día. Exigir transparencia y planificación no es un capricho, es una necesidad urgente para que el legado del evento no sea solo estadios renovados, sino también una ciudad que no colapsó en el intento.