Un silencio sepulcral marcó la gira de la presidenta Claudia Sheinbaum por Yucatán cuando fue cuestionada en tres ocasiones sobre la entrega de dos exfuncionarios de Sinaloa a las autoridades estadounidenses. Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública, y Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, son acusados de vínculos con el narcotráfico, por lo que Estados Unidos había solicitado su detención y extradición. En dos de las preguntas, Sheinbaum guardó silencio; en la tercera, solo respondió: “Gracias, gracias”.
Advertencia sin mencionar a Washington
Durante su discurso en uno de los actos, la mandataria afirmó que “nadie, ninguna persona que no sea honesta, puede esconderse bajo el halo de la transformación del pueblo de México”. Agregó que “ningún gobierno extranjero le va a arrebatar la transformación al pueblo de México”, en clara referencia a la solicitud de extradición de diez funcionarios sinaloenses, incluido el gobernador con licencia, Rocha Moya. La pregunta que surge es si esa misma postura fue planteada a Donald Trump en la llamada telefónica del viernes por la mañana.
La llamada con Trump
Sheinbaum describió la conversación —la número 18 entre ambos— como “cordial y excelente”, y señaló que reafirmaron el trabajo en seguridad y las pláticas sobre comercio. Sin embargo, la llamada duró solo ocho minutos, mientras Trump viajaba en el Air Force One de regreso de China, acompañado de una delegación empresarial de alto nivel, incluyendo a Elon Musk, Tim Cook, Jensen Huang, Larry Fink, Kelly Ortberg, Ryan McInerney, Stephen Schwarzman, Jane Fraser, Michael Miebach, David Solomon, Brian Sikes, Jacob Thaysen y Lawrence Culp, además de los secretarios de Estado y Defensa, Marco Rubio y Pete Hegseth.
Resulta improbable que Trump, inmerso en temas cruciales como las conclusiones de su visita a Beijing, la guerra con Irán y las tensiones con aliados, dedicara ocho minutos solo para una charla cordial. Es más probable que se haya discutido la extradición pendiente y los pasos siguientes en seguridad, dado que ambos mandatarios ya conocían la detención de los dos inculpados.
La autora del artículo, Daniel Rodríguez, opina que lo mejor hubiera sido que Sheinbaum se quedara callada sobre la llamada, tal como lo hizo ante las preguntas sobre los detenidos. Las advertencias a la Casa Blanca son, según ella, mensajes para el pueblo, mientras la realidad es otra.



