Lucrecia*, de 35 años, enfrentaba problemas económicos cuando decidió alquilar su vientre. Madre de dos hijos, originaria de una comunidad rural en Puebla, migró a la Ciudad de México. Tras partos naturales sin complicaciones, consideró que gestar para otros podría ser una solución. En 2023, encontró una publicación en Facebook, contactó a una agencia y comenzó el proceso.
Requisitos y proceso de selección
La agencia exigió que Lucrecia comprobara su experiencia como madre con el acta de nacimiento de uno de sus hijos. También le realizaron estudios de orina y sangre, una evaluación psicológica y una visita domiciliaria para verificar su dirección y condiciones de vida. Tras ser considerada apta, inició el proceso de gestación subrogada.
El mercado de la reproducción asistida en México
Según la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), de enero de 2004 a marzo de 2026 se otorgaron 99 licencias sanitarias relacionadas con reproducción asistida en el país. Muchas clínicas ofrecen servicios de gestación subrogada aprovechando la falta de regulación federal. Solo Sinaloa y Tabasco tienen alguna reglamentación, mientras que en Querétaro y Coahuila es ilegal.
El mercado global de la subrogación generó 11.6 mil millones de dólares en 2021, y se proyecta que alcance 201.8 mil millones para 2034, según Global Market Insights.
La experiencia de Lucrecia
Tras ser validada, Lucrecia esperó tres meses para iniciar el proceso, que incluyó exámenes médicos y medicación diaria. Firmó un contrato con la agencia y los padres de intención, y grabó un video de presentación. El primer pago, de dos mil pesos, lo recibió después de la transferencia embrionaria. No quedó embarazada hasta la segunda transferencia.
Los pagos aumentaron progresivamente: a la sexta semana recibió un pago tras un ultrasonido vaginal; a la octava semana, cinco mil pesos; a la décima, 10 mil; y desde la semana 12, 15 mil mensuales. En total, Lucrecia recibió 300 mil pesos durante la gestación, incluyendo gastos de alimentación, ropa y transporte. El pago mensual promedio fue de unos 25 mil pesos, muy superior al salario mínimo de 8,364 pesos mensuales que ganaba la mayoría de las mujeres trabajadoras en México, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).
El nacimiento y la despedida
A la semana 38, se programó una cesárea, aunque Lucrecia había tenido partos naturales. Los padres de intención, una pareja homosexual francesa, estuvieron presentes. Lucrecia firmó documentos para que el padre biológico pudiera tramitar la salida del país del bebé. Tras diez días, la familia se fue, pero mantienen contacto. A los tres meses, Lucrecia firmó la adopción definitiva y recibió un pago final de 80 mil pesos.
Críticas y riesgos
Lucrecia recomendaría la experiencia, pero reconoce secuelas, como la cesárea, y trámites complicados, como apostillar su acta de nacimiento en su comunidad. Conoció a otras gestantes con experiencias negativas: una no recibió un bono tras un aborto espontáneo, y otra tuvo dificultades para desprenderse del bebé tras múltiples intentos fallidos.
Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid señala que la gestación subrogada sigue lógicas mercantilistas, ofreciendo más control a quienes invierten dinero, y puede ser coercitiva para las gestantes debido a la desigualdad económica.
Falta de regulación
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) instó a regular la práctica en 2016, pero no se ha legislado a nivel federal. Esto permite que clínicas como Ingenes, con licencias en múltiples estados, operen sin vigilancia. En Tabasco, donde está regulada, se han reportado violaciones a derechos humanos, como falta de pagos y abandono de infantes.
Lucrecia planea iniciar otro proceso de gestación subrogada. *Nombre cambiado para proteger su identidad. Este trabajo se realizó bajo la coordinación de la Comisión de Investigación de la Red Nacional de Periodistas (RNP).



