IMCO advierte sobre desafíos del fracking en México ante dependencia del gas texano
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha emitido una alerta sobre los múltiples desafíos que enfrentaría México al considerar el fracking como alternativa para reducir su alta dependencia del gas natural proveniente de Texas. Este análisis surge luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum abriera la posibilidad de recurrir a esta técnica "con nuevas tecnologías" para la explotación de yacimientos no convencionales.
La cruda realidad de Pemex y la competencia con Texas
El IMCO recalca que Petróleos Mexicanos carece completamente de experiencia en el sector del fracking, lo que condiciona severamente la rentabilidad de cualquier proyecto en este ámbito. La viabilidad financiera de estas iniciativas dependería fundamentalmente de la participación de operadores privados con conocimiento técnico especializado y de condiciones de mercado que garanticen su sostenibilidad económica.
El análisis "México se abre al Fracking" establece que México competiría directamente en costos con el gas texano, considerado el más competitivo del mundo en términos de precios. Estados Unidos mantiene costos de producción en yacimientos no convencionales que oscilan entre 2 y 4 dólares por millón de unidades térmicas británicas (USD/MMBtu). En marcado contraste, México enfrentaría costos iniciales significativamente mayores debido a la falta de infraestructura especializada y experiencia técnica acumulada, limitando su competitividad en el corto y mediano plazo.
La alarmante caída de reservas y producción nacional
La urgencia de encontrar alternativas se intensifica al examinar las cifras: México ha experimentado una caída del 70% en sus reservas probadas de gas natural en las últimas dos décadas. Las reservas probadas se desplomaron desde 41,383 miles de millones de pies cúbicos en 2001 hasta apenas 12,297 miles de millones en 2024.
La producción nacional de gas natural ha seguido una trayectoria igualmente preocupante:
- Entre 2008 y 2026, la producción mexicana cayó de 6.5 a 3.9 miles de millones de pies cúbicos diarios
- En el mismo periodo, Estados Unidos casi duplicó su producción, pasando de 60 a 119 miles de millones de pies cúbicos diarios
- Hoy, EE.UU. es el mayor productor mundial y principal exportador de gas a México
Dependencia crítica del gas texano
La dependencia mexicana respecto al gas natural estadounidense ha alcanzado niveles históricos. El año pasado, México importó un promedio de 6,638 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), la cifra más alta registrada en la historia del país. En 2025, las importaciones alcanzaron 6.6 miles de millones de pies cúbicos diarios, de los cuales depende una parte sustancial de la actividad industrial y el sistema eléctrico nacional.
El giro en la política energética y los riesgos ambientales
El anuncio del Gobierno Federal de reconsiderar el uso del fracking marca un cambio significativo en la política energética mexicana, especialmente después de que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se enviara una iniciativa para prohibir esta técnica a nivel constitucional, iniciativa que nunca fue votada en el Congreso.
El debate ahora se desplaza hacia la viabilidad de desarrollar yacimientos no convencionales, pero el IMCO detalla las preocupaciones centrales:
- Riesgo de contaminación de acuíferos por fugas en los sistemas de extracción
- Alto consumo de agua en el proceso de fracturación hidráulica
- Emisiones significativas de metano, un potente gas de efecto invernadero
La fracturación hidráulica consiste en la inyección de agua, arena y químicos a alta presión para romper rocas de baja permeabilidad y extraer hidrocarburos atrapados en ellas. A diferencia de los métodos convencionales donde el hidrocarburo fluye naturalmente, el fracking aplica fuerza para abrir grietas en formaciones rocosas que de otra forma serían inaccesibles.
Para mitigar estos riesgos, el IMCO señala que serían esenciales revestimientos de pozos de alta calidad (acero y cemento), sistemas avanzados de tratamiento de aguas y el uso extensivo de sensores para monitorear posibles fugas durante todo el proceso extractivo.



