El secreto de supervivencia vegetal en la mayor extinción masiva de la Tierra
Hace aproximadamente 252 millones de años, nuestro planeta experimentó el evento de extinción masiva más devastador de su historia: la crisis del Pérmico-Triásico, conocida coloquialmente como la 'Gran Mortandad'. Durante este período catastrófico, donde la temperatura global aumentó drásticamente y el calor extremo asfixió bosques completos, un grupo de plantas primitivas no solo logró sobrevivir, sino que posteriormente dominó los paisajes terrestres. Su estrategia de supervivencia, recientemente revelada por un estudio internacional publicado en Nature Ecology and Evolution, consistió en una innovadora adaptación del proceso de fotosíntesis.
La revolución nocturna de las licofitas
La investigación, liderada por la Universidad de Leeds en Reino Unido con participación de instituciones de China, Estados Unidos y otras universidades británicas, descubrió que las licofitas -un tipo de planta antigua que se reproduce mediante esporas- desarrollaron un mecanismo extraordinario para enfrentar las condiciones ambientales extremas. Estas plantas comenzaron a abrir sus estomas durante la noche en lugar del día, almacenando dióxido de carbono en forma de ácido para utilizarlo posteriormente en la fotosíntesis diurna.
Este proceso, conocido como metabolismo ácido de las crasuláceas (CAM), permitió a las licofitas conservar agua de manera significativa y tolerar temperaturas que probablemente superaban los 50°C. Antes de la extinción masiva, los bosques terrestres estaban dominados por plantas leñosas con semillas, pero tras el evento de calor extremo, estos ecosistemas fueron reemplazados por las más resistentes licofitas.
Evidencia fósil y análisis isotópico
Para comprender cómo estas plantas sobrevivieron cuando tantas otras perecieron, el equipo científico realizó un exhaustivo análisis de fósiles vegetales del sur de China, abarcando desde finales del Pérmico hasta el Triásico Medio. Los investigadores estudiaron las relaciones evolutivas de las licofitas con sus parientes modernos, como las isoetes que aún existen en diversas regiones del mundo, incluyendo Escocia.
El estudio se centró particularmente en los isótopos de carbono presentes en los fósiles, ya que cada tipo de fotosíntesis deja una firma isotópica distintiva. Los resultados revelaron que las licofitas presentaban valores de isótopos de carbono notablemente diferentes de otras plantas durante el período de extinción, y que esta diferencia se redujo una vez que las condiciones ambientales mejoraron.
Implicaciones para el futuro climático
Zhen Xu, autor principal del estudio de la Universidad de Leeds, señala que "nuestros resultados sugieren que, bajo un calentamiento futuro, las plantas con rasgos de fotosíntesis CAM podrían volverse mucho más importantes". Actualmente, las plantas que utilizan este mecanismo representan solo una mínima proporción de la vegetación global, siendo más comunes en entornos calurosos y secos como los desiertos.
Benjamin Mills, coautor del estudio y profesor en Leeds, enfatiza que comprender las estrategias de adaptación desarrolladas por las plantas en el pasado geológico puede ayudar a fundamentar predicciones sobre la resiliencia climática futura. Este conocimiento permite anticipar cómo podría reorganizarse la vegetación en un mundo más cálido y cómo esos cambios podrían alterar el funcionamiento de todo el sistema terrestre.
Debate científico sobre metodologías de investigación
En un comentario complementario publicado en la sección News & Views de la revista, Jennifer McElwain y William Matthaeus del Trinity College de Dublin reconocen el estudio como un avance importante para entender la supervivencia vegetal durante la extinción masiva, pero expresan reservas sobre algunas interpretaciones ecológicas.
Estos expertos argumentan que es necesario cambiar la forma en que se modela el pasado climático. Actualmente, los científicos utilizan modelos basados en el funcionamiento de plantas modernas para estudiar climas de hace millones de años, lo que según McElwain y Matthaeus constituye un error metodológico. Ellos proponen estudiar primero los fósiles para descubrir las características reales de las plantas extintas, utilizando esa información prehistórica para construir modelos climáticos más precisos.
El estudio internacional no solo revela un capítulo fascinante de la historia evolutiva de nuestro planeta, sino que ofrece perspectivas valiosas sobre cómo los organismos vegetales podrían responder al calentamiento global contemporáneo, destacando la importancia de aprender de las estrategias de supervivencia que ya han sido probadas por el tiempo.



