México entre los países más infieles de Latinoamérica según estudio internacional
México en top 3 de países más infieles de Latinoamérica

México se posiciona entre las naciones con mayor índice de infidelidad en Latinoamérica

Un revelador estudio sobre comportamientos de pareja en Latinoamérica ha colocado a México en una posición destacada, aunque polémica, dentro del panorama regional. La investigación, desarrollada por DIVE Marketing para la plataforma europea Gleeden, analizó las tendencias de infidelidad en varios países, ofreciendo una mirada profunda sobre cómo están evolucionando las relaciones sentimentales en el siglo XXI.

Los datos que ubican a México en el podio regional

De acuerdo con los resultados del estudio, el 67 por ciento de las personas encuestadas en Latinoamérica reconoció haber cometido infidelidad al menos una vez en su vida. Este porcentaje regional esconde matices importantes, ya que el 59 por ciento de quienes admitieron ser infieles manifestaron sentir arrepentimiento posterior, evidenciando un conflicto emocional entre deseos y valores sociales establecidos.

Al analizar específicamente la actividad de usuarios en Gleeden —una aplicación diseñada para encuentros no monógamos con enfoque en mujeres—, México emergió como el tercer país con mayor índice de infidelidad en la región, solo superado por Brasil y Colombia. El ranking completo de los cinco primeros lugares quedó estructurado de la siguiente manera:

  1. Brasil
  2. Colombia
  3. México
  4. Argentina
  5. Chile

La percepción mexicana sobre la infidelidad

Uno de los hallazgos más significativos del estudio revela que 6 de cada 10 mexicanos consideran la infidelidad como algo "natural". Esta perspectiva desafía los conceptos tradicionales de fidelidad y monogamia, sugiriendo una transformación cultural en curso. Muchos participantes en la encuesta argumentaron que estos comportamientos responden a necesidades biológicas, emocionales o incluso buscan equilibrar dinámicas dentro de la relación principal.

Algunos encuestados fueron más allá en sus reflexiones, señalando que los encuentros extramaritales pueden "oxigenar" la relación principal, una idea que cuestiona directamente los esquemas convencionales del amor romántico y la exclusividad emocional.

Distribución geográfica de la infidelidad en México

A nivel nacional, el estudio permitió identificar las entidades con mayor presencia de comportamientos infieles. La Ciudad de México encabeza esta lista, seguida por el Estado de México y Nuevo León. El top cinco nacional se completa con Jalisco y Querétaro, estados caracterizados por su fuerte actividad económica, crecimiento urbano acelerado y alta conectividad digital.

Esta distribución sugiere una correlación entre urbanización, dinamismo social y apertura hacia relaciones fuera del acuerdo de pareja tradicional. México, con su diversidad cultural y complejidad social, refleja claramente estas tendencias regionales.

El dilema emocional detrás de las estadísticas

A pesar de la normalización aparente de la infidelidad entre muchos mexicanos, el estudio revela una realidad emocional más compleja. El arrepentimiento manifestado por más de la mitad de quienes han sido infieles demuestra que el tema sigue cargado de dilemas morales y conflictos internos. La culpa, el secreto y el deseo coexisten en un mismo espacio emocional, indicando que la infidelidad no siempre se vive con ligereza o falta de consecuencias psicológicas.

Esta investigación trasciende el mero conteo de engaños para adentrarse en una redefinición contemporánea de la fidelidad, influenciada por redes sociales, aplicaciones de citas y nuevas formas de vinculación afectiva. México aparece en el top regional no solo como dato estadístico, sino como protagonista de una conversación más amplia sobre cómo amamos, qué esperamos de nuestras parejas y qué tan flexibles son actualmente las reglas del compromiso sentimental.

El estudio de Gleeden ofrece así una fotografía compleja de las relaciones en México y Latinoamérica, donde tradición y modernidad, deseo y culpa, monogamia y exploración conviven en un panorama afectivo en constante transformación.