Sociedad Civil en México: ¿Motor de Cambio o Espectadora Pasiva?
Sociedad Civil en México: ¿Motor o Espectadora?

La Democracia Mexicana en la Encrucijada: Más Allá del Voto

Como señaló el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, la democracia no se agota en el acto de votar; exige una participación activa y constante de la ciudadanía en todos los ámbitos de la vida pública. En México, esta premisa ha encontrado en la sociedad civil un actor fundamental durante las últimas décadas.

El Reconocimiento Histórico y el Cambio de Rumbo

Con la implementación de la Ley Federal de Fomento a las Actividades de la Sociedad Civil, se reconoció oficialmente el papel crucial de las organizaciones no gubernamentales. Estas entidades han contribuido significativamente a la generación de cohesión social y han aportado conocimiento especializado en la formulación de políticas públicas, fortaleciendo el tejido democrático del país.

Sin embargo, en la actualidad se observa un cambio de rumbo preocupante. El Estado mexicano ha optado por privilegiar una relación directa con los individuos, principalmente a través de mecanismos como la red de Servidores de la Nación, relegando a un segundo plano a las organizaciones sociales y comunitarias tradicionales.

Las Consecuencias del Modelo Asistencialista

Este esquema, aunque asegura transferencias inmediatas de beneficios a la población, presenta graves consecuencias para la salud democrática:

  • Debilita los procesos colectivos y la organización comunitaria.
  • Erosiona el tejido social construido durante años.
  • Limita el potencial de transformación social profunda.
  • Refuerza una relación vertical entre el Estado y los ciudadanos.

Como advirtió el politólogo Robert Putnam, el capital social —esas redes de confianza, reciprocidad y cooperación— es indispensable para el bienestar democrático. Cuando lo comunitario pierde fuerza, se fortalece la dependencia hacia el Estado y la ciudadanía se reduce a una condición de beneficiaria pasiva, alejándose de su rol de agente activo.

La Resistencia de las Organizaciones Sociales

Frente a este panorama, las organizaciones de la sociedad civil continúan resistiendo y trabajando:

  1. Forman y capacitan a ciudadanos en diversos temas.
  2. Acompañan procesos comunitarios y de defensa de derechos.
  3. Fortalecen capacidades locales para la autogestión.
  4. Generan alternativas innovadoras a problemas sociales.

No obstante, persisten preguntas cruciales que requieren respuesta:

  • ¿Cómo transitar de un enfoque asistencialista a uno que construya capital social duradero?
  • ¿Qué pasos concretos se deben dar para recuperar a la sociedad civil como interlocutora legítima en la política pública?
  • ¿Cómo garantizar que la ciudadanía sea reconocida como agente activo y no solo como beneficiaria pasiva de programas sociales?

Un Desafío Político y Cultural

El desafío que enfrenta México no es únicamente técnico o administrativo; es profundamente político y cultural. Se trata de superar un modelo que desplaza lo comunitario y fomenta la dependencia individual, para avanzar hacia un enfoque que priorice:

  • La participación democrática efectiva en todos los niveles.
  • La corresponsabilidad entre Estado y sociedad.
  • La construcción y fortalecimiento del capital social.

El reto fundamental consiste en devolver a la sociedad civil su lugar como motor de cambio, no como simple espectadora de decisiones tomadas desde arriba. Como bien señala Elio Villaseñor Gómez, director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo A.C., recuperar lo comunitario es, en esencia, recuperar la democracia misma.

La voz organizada de la sociedad civil es indispensable para enriquecer la calidad democrática. Sin ella, la participación se empobrece y el sistema político pierde vitalidad. El camino hacia una democracia más robusta pasa necesariamente por reconocer y fortalecer el papel de las organizaciones sociales como pilares de la vida pública mexicana.