En el seno de Morena, las tensiones internas se intensifican. Figuras clave del ala dura del partido, como Andy López Beltrán, Clara Brugada y Jesús Ramírez, han expresado en privado su descontento con el estilo de liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum. Según fuentes cercanas, estos líderes añoran la manera de gobernar de Andrés Manuel López Obrador, a quien describen como sereno, calmado y claro en sus instrucciones, en contraste con lo que consideran un trato hostil por parte de Sheinbaum.
Críticas al estilo de mando
Los críticos aseguran que Sheinbaum ha normalizado un estilo de mando basado en maltrato, gritos y descalificaciones públicas. Afirman que el trato que reciben los colaboradores depende del humor de la presidenta, lo que genera un ambiente de incertidumbre. Esta situación no sería un hecho aislado, sino un patrón recurrente que ha sido observado en múltiples ocasiones.
Reacciones y enfrentamientos
De acuerdo con los testimonios recabados, al menos tres funcionarios han puesto un alto a la presidenta cuando ha intentado alzarles la voz: el general Ricardo Trevilla, Marcelo Ebrard y la propia Clara Brugada. Estos incidentes reflejan una creciente guerra interna en Morena, donde el ala dura busca mantener su influencia.
El poder del ala dura
A pesar de las críticas, los miembros del ala dura conservan importantes cuotas de poder. Adán Augusto López mantiene el control del Senado, mientras que Andy López Beltrán opera en diversas áreas del gobierno, canalizando contratos a través de sus leales. Ricardo Monreal sigue al frente de la Cámara de Diputados, y Jesús Ramírez domina la narrativa de las conferencias matutinas. Clara Brugada, por su parte, resguarda la Ciudad de México como bastión político y electoral.
Estos líderes han confrontado a la presidenta en varias ocasiones, sin enfrentar consecuencias significativas, lo que evidencia una fractura profunda dentro del partido gobernante.



