Tabasco no puede con la violencia: una crisis que desmiente las cifras oficiales
La violencia en el estado de Tabasco, bajo el gobierno de Javier May Rodríguez, ha sumergido a la entidad en uno de sus momentos más críticos en materia de seguridad. Durante más de un año, se han registrado constantes hechos violentos, incluyendo homicidios, bloqueos carreteros, quema de vehículos y comercios, así como privaciones de la libertad, lo que pone en evidencia una alarmante brecha entre las estadísticas oficiales y la realidad que viven los ciudadanos.
Un episodio reciente que ilustra la gravedad
Recientemente, en la localidad de Ayapa, perteneciente al municipio de Jalpa de Méndez, cinco personas fueron asesinadas a balazos durante la tarde de un domingo. Los hechos ocurrieron a un costado de la carretera Ayapa–Mecoacán, cerca del puente de San Francisco, donde los agresores dispararon directamente contra un grupo de hombres que se encontraban reunidos, algunos de ellos en motocicletas, para luego huir del lugar sin ser capturados.
Este trágico incidente no es aislado, sino parte de un patrón de violencia que persiste en Tabasco, desafiando los reportes oficiales que sugieren una reducción en los índices delictivos. La entidad atraviesa un periodo de seguridad complejo a inicios de 2026, marcado por una notable discrepancia entre los datos estadísticos y la ocurrencia de eventos de alto impacto, atribuidos principalmente a pugnas entre grupos delictivos.
La percepción de inseguridad en ciudades clave
Pese a las cifras optimistas presentadas por la administración de Javier May, ciudades como Villahermosa continúan registrando niveles elevados de percepción de inseguridad entre sus habitantes. Los residentes reportan sentimientos de vulnerabilidad ante la frecuencia de actos violentos, lo que sugiere que el gobierno estatal no ha logrado contener la situación de manera efectiva.
La brecha entre lo oficial y lo real se ha vuelto más evidente con cada nuevo episodio de violencia, cuestionando la capacidad de las autoridades para manejar la crisis. Los bloqueos carreteros y las quemas de vehículos no solo interrumpen la vida cotidiana, sino que también generan un clima de temor y desconfianza hacia las instituciones.
En resumen, Tabasco enfrenta un desafío monumental en materia de seguridad, donde los hechos violentos contradicen las estadísticas gubernamentales. La persistencia de homicidios y otros delitos graves indica que, a pesar de los esfuerzos reportados, la entidad sigue luchando por superar esta ola de inseguridad que afecta a toda su población.