Elisa Domínguez: Bióloga de la UNAM usa matemáticas contra enfermedades epiteliales
Elisa Domínguez: Matemáticas contra enfermedades epiteliales

Elisa Domínguez Hüttinger, bióloga de sistemas del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, transforma el diagnóstico y tratamiento de enfermedades epiteliales mediante modelos matemáticos. Desde niña, su curiosidad por la medicina la llevó a combinar matemáticas y biología para entender enfermedades como asma, dermatitis atópica, alergias alimentarias, cáncer y psoriasis.

Vocación temprana

“Me interesaba entender los mecanismos detrás de una enfermedad”, recuerda Domínguez sobre sus inicios leyendo libros de medicina rural. Esa curiosidad se convirtió en una carrera enfocada en modelación matemática aplicada a la biomedicina.

Modelar la enfermedad

Su equipo analiza sistemas biológicos complejos con modelos matemáticos para mejorar el diagnóstico temprano, optimizar tratamientos y fortalecer la prevención. El objetivo es reducir el costo económico y social de estos padecimientos. “Que un medicamento cueste menos porque es el mejor para la persona y tenga menos efectos secundarios”, señala. Además, destaca la importancia de detectar enfermedades a tiempo para evitar intervenciones agresivas.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

“Nos dedicamos al análisis de datos. Utilizamos información de colegas y bases de datos existentes, y las procesamos mediante modelos matemáticos”, explica. Esto es clave en contextos como México, donde los recursos de investigación son limitados. Este enfoque permite estudiar sistemas de forma integral: “En lugar de ver una molécula o un gen aislado, vemos los sistemas biológicos como un objeto complejo, donde las manifestaciones clínicas son producto de interacciones entre sus componentes”.

Gemelos digitales

Uno de los desarrollos más prometedores son los “gemelos digitales”, representaciones virtuales de pacientes, órganos o poblaciones que simulan tratamientos antes de aplicarlos. “Sería como hacer experimentos en una computadora con una representación virtual de una persona”, afirma. Aunque requiere validaciones clínicas, el avance de la inteligencia artificial ha acelerado su desarrollo, acercando su uso cotidiano en hospitales.

Retos de investigación

Uno de los principales retos fue ganar la confianza de médicos y científicos experimentales en los modelos matemáticos. “Tardamos muchos años en convencer a colegas de clínica de compartir sus datos”, menciona. Además, la obtención de financiamiento es constante y competitiva. “Hay pocos recursos, entonces uno tiene que hacer muchísimas solicitudes y solo quedan pocas”, puntualiza. En México, gran parte de los apoyos provienen de organismos públicos, lo que implica procesos burocráticos y evaluaciones continuas.

Interdisciplina y comunicación

En biología matemática, el diálogo interdisciplinario es esencial. Domínguez debe explicar biología a matemáticos, matemáticas a biólogos e informar al público general mediante analogías, lenguaje accesible y herramientas visuales.

Indicadores y límites clínicos

Identificar indicadores confiables de riesgo de enfermedad es un gran desafío. Desde la teoría matemática, señales como la pérdida de resiliencia anticipan cambios en sistemas biológicos, pero trasladarlas a la práctica clínica es complejo. “El problema es que muchas veces las mediciones que necesitamos no son las que se hacen de forma rutinaria”, asevera. Los modelos matemáticos permiten identificar qué variables vale la pena medir. “El objetivo es que el médico no tenga que usar el modelo, pero que gracias a él sepa qué medir para tomar una decisión”, puntualiza.

La sofisticación del cuerpo humano

Domínguez destaca la sofisticación y lo contraintuitivo de los mecanismos del cuerpo. “Hay mecanismos regulatorios que parecen paradójicos. Por ejemplo, la piel, en lugar de solo bloquear bacterias, puede permitir cierto grado de interacción para activar una respuesta del organismo”, expresa. Esa complejidad requiere una mirada matemática para entender cómo la interacción de múltiples procesos da lugar a salud o enfermedad.

El futuro

Domínguez considera que se podrá mejorar significativamente la prevención y el diagnóstico temprano, aunque reconoce que no todas las enfermedades podrán evitarse, especialmente las genéticas, donde entran debates éticos.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Motivación científica

Su principal motivación es la curiosidad. “Me interesa entender cómo funcionan los sistemas biológicos, por qué la piel funciona como funciona, por qué el intestino funciona como funciona, cuáles son sus orígenes evolutivos. También entender las matemáticas que hay detrás, es como pintar un cuadro, algo muy bonito. No podemos dejar de lado la motivación clínica y social de ayudar a que la salud de la población mejore, no solo para unos cuantos, sino para la mayoría”, enfatiza.

Equilibrio personal

Con más de una década desde su primer posdoctorado en 2015, Domínguez resalta la importancia de la paciencia y la perseverancia. “Aunque te guste lo que haces, no siempre lo vas a disfrutar”, reconoce. Mantener un equilibrio entre vida profesional y personal, mediante ejercicio, yoga o meditación, es esencial para sostener una carrera científica de hasta 13 horas diarias.

Mensaje a nuevas generaciones

“Pareciera que no, pero las oportunidades se van abriendo. Si es algo que te gusta, hay que seguir y no darse por vencidos tan fácilmente”, concluye. Con curiosidad, rigor y compromiso social, Domínguez continúa explorando el reto de entender la enfermedad para anticiparla y reducir su impacto.