Justicia Fiscal en México: El Tabú de Gravar las Herencias Multimillonarias
México y el tabú de gravar herencias millonarias

La Paradoja Fiscal Mexicana: Proteger la Riqueza Heredada, Castigar el Trabajo

En México, el debate sobre justicia fiscal siempre conduce al mismo callejón sin salida: gravar a los sectores más vulnerables resulta sencillo, mientras que imponer contribuciones a los grandes patrimonios se etiqueta como "polémico". Así permanecemos atrapados en un sistema donde pagar impuestos se convierte en una obligación exclusiva para la clase trabajadora, mientras las fortunas multimillonarias se transmiten de generación en generación sin aportar un solo peso adicional a las arcas públicas.

Una Urgencia Política, No una Curiosidad Académica

Hoy, la discusión sobre las herencias millonarias ha dejado de ser un tema teórico para convertirse en una necesidad política apremiante. En un país donde más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, permitir que las grandes fortunas permanezcan intactas durante décadas solo contribuye a perpetuar la desigualdad estructural. No se trata de un debate sobre caridad, sino de una conversación sobre los mínimos democráticos que debe garantizar cualquier sociedad.

México lleva años implementando políticas sociales sin tocar los privilegios de los sectores más acaudalados. Los presupuestos para el bienestar social aumentan, pero la recaudación que los financia continúa recayendo desproporcionadamente sobre quienes menos tienen. La realidad es contundente: seguimos careciendo de una reforma fiscal progresiva seria que aborde el origen del problema.

Un Sistema que Premia la Cuna, No el Mérito

Las herencias multimillonarias representan el símbolo más evidente de un modelo económico que recompensa el nacimiento por encima del esfuerzo. No nos referimos a las empresas familiares que generan empleo en comunidades locales, sino a los capitales acumulados en paraísos fiscales y a los grandes holdings que perpetúan la desigualdad mediante influencias políticas y favores fiscales. Quien argumente lo contrario simplemente está maquillando una realidad incómoda.

Además, estas fortunas, al no ser gravadas, se convierten en motores de lo que los economistas denominan "rentismo", un modelo donde la riqueza se acumula y crece sin necesidad de generar valor productivo. Los herederos de estas grandes fortunas no requieren innovar, competir o asumir riesgos; su capital simplemente se multiplica, ampliando cada vez más la brecha con el resto de la sociedad.

Lecciones Internacionales y Falacias Locales

Paradójicamente, naciones frecuentemente citadas como referentes de economías exitosas—como Alemania, Francia o Japón—no temen gravar las herencias y cuentan con mecanismos para evitar la acumulación perpetua de riqueza. Incluso sistemas abiertamente capitalistas consideran justo que una porción significativa de los grandes patrimonios retorne a la sociedad durante las transferencias generacionales.

La pregunta incómoda es: ¿por qué en México se sigue evitando esta discusión como si fuera un tabú ideológico? La respuesta podría radicar en un temor infundado, alimentado por narrativas falsas que sugieren que gravar las herencias ahuyentaría la inversión o destruiría empleos. Estudios de la OCDE y otras organizaciones internacionales han demostrado que un impuesto a las herencias bien diseñado tiene un impacto mínimo en la inversión y el crecimiento económico, pero un efecto positivo significativo en la reducción de la desigualdad.

Hacia un Sistema Progresivo y Técnico

Necesitamos un debate técnico y serio que se aleje de mitos y posturas dogmáticas. La clave no reside en imponer tasas confiscatorias, sino en establecer un sistema progresivo con exenciones para pequeñas y medianas empresas, enfocado en activos que representen una acumulación masiva de riqueza.

Un ejemplo práctico podría ser un impuesto aplicable solo a partir de umbrales elevados—como 10 o 20 millones de dólares—con incrementos graduales. Este enfoque no afectaría a la clase media ni a las empresas familiares, sino que se concentraría en las megafortunas que realmente perpetúan la desigualdad.

Legitimidad Democrática y Cohesión Social

Lo inaceptable es continuar con la política del parche, inyectando miles de millones a programas sociales sin cuestionar el origen de esos recursos ni su destino final. La discusión trasciende lo meramente recaudatorio; se trata de legitimidad democrática: un Estado que no toca los privilegios del 1% jamás podrá ser visto como garante de derechos para el 99%.

Este círculo vicioso—donde la falta de recaudación justa obliga al Estado a depender de deuda o medidas fiscales regresivas—profundiza la desigualdad y debilita el pacto social. Un impuesto a las herencias no es solo una medida económica; es un mensaje político: un país donde la riqueza no se perpetúa sin límites cree en la igualdad de oportunidades y en un futuro más justo para todos.

Conclusión: Sentido Común Fiscal

El impuesto a las herencias multimillonarias representa un punto de partida lógico para discutir redistribución sin caer en populismos. Quienes más se han beneficiado del sistema tienen la obligación de retribuir. Esta propuesta no es radical; está alineada con prácticas de democracias desarrolladas y permitiría que la sociedad en su conjunto se beneficie de la prosperidad generada durante décadas.

La pregunta final es simple: ¿seguiremos administrando la pobreza o comenzaremos a desmontar los privilegios? Lo que está sobre la mesa no es ideología; es sentido común fiscal.