Sinaloa amanece en Nueva York: exfuncionarios detenidos
Sinaloa amanece en Nueva York: exfuncionarios detenidos

Hoy, mientras Donald Trump volaba de Pekín a Washington presumiendo “acuerdos comerciales fantásticos” con Xi Jinping, dos piezas del gabinete de Rubén Rocha Moya terminaron del otro lado de la frontera (moral y jurídica) que el discurso oficial insiste en sostener intacta. Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, dormirá esta noche —si es que duerme— en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, la misma cárcel donde Estados Unidos guarda a Ismael El Mayo Zambada y a Nicolás Maduro. El simbolismo no es accidental: la coreografía carcelaria estadounidense ha decidido que los tres personajes pertenecen, jurídicamente al menos, a la misma categoría. Casi al mismo tiempo, Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas durante tres años de la administración de Rocha, era reportado detenido en Europa, con un acuerdo, dicen las versiones, para entregarse de inmediato a las autoridades de EU. Dos en un día. Dos miembros del gabinete sinaloense, uno encargado del dinero y otro encargado de la fuerza pública, capturados bajo la lógica de un expediente que ya no se discute en abstracto.

Detalles de las detenciones

El Gabinete de Seguridad confirmó que Mérida cruzó el 11 de mayo por la garita de Nogales para entregarse a los U.S. Marshals. Es decir: no lo detuvieron, se entregó. Esa frase debería bastar para detener la mañanera completa, porque un exfuncionario mexicano que prefiere la cárcel de Brooklyn a su propio país está diciendo algo sobre el país que se dice en voz baja. Las acusaciones, ya conocidas, hablan de 100 mil dólares mensuales pagados por Los Chapitos a cambio de avisos anticipados de, al menos, diez redadas a laboratorios de drogas durante 2023. Díaz Vega, según el documento del Distrito Sur de Nueva York, habría operado como enlace directo entre Rocha y los hijos de El Chapo desde antes de las elecciones estatales de 2021, entregando nombres y direcciones de adversarios políticos para que pudieran ser intimidados u obligados a retirarse de la contienda.

Reacción presidencial

A las 10:26 de la mañana, la presidenta Claudia Sheinbaum publicaba en sus redes que había sostenido “una cordial y excelente conversación” con el presidente Trump. La fotografía la muestra acompañada por el canciller Roberto Velasco, quien conoce y ha estado en contacto con el equipo de Donald Trump desde hace muchos años. Hablaron ambos presidentes, según el mensaje, de seguridad y comercio. Doce llamadas en pocos meses significan que la relación está, en realidad, en una conversación permanente. Acordaron que próximamente vendrán a México “algunos de sus colaboradores” para continuar el diálogo. No se precisó quiénes, no se precisó cuándo, no se precisó la agenda. La incertidumbre es la única certeza.

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Coincidencia temporal

La coincidencia temporal es feroz: la mañana misma en que la Presidenta describe una llamada cordial, un exfuncionario está siendo procesado en Brooklyn y un exsecretario de Finanzas espera ser embarcado de Europa a Nueva York. La diplomacia mexicana lleva semanas pidiendo “pruebas, siempre”. Las pruebas, hoy, caminaron solas hasta la garita. Hay que decirlo con todas sus letras: el director de la DEA, Terrance Cole, advirtió ante el Senado estadounidense que el caso Rocha “es sólo el comienzo”. No era una bravata. Era un calendario.

Secuencia de eventos

Lo que estamos viendo no es un episodio sino una secuencia. Dámaso Castro renunció el 5 de mayo. Rocha y el alcalde de Culiacán se separaron de sus cargos cuatro días antes. La UIF, que sólo descubre lo evidente cuando ya no puede ignorarlo, instruyó a la CNBV inmovilizar las cuentas de los señalados. Cada paso del gobierno mexicano viene después del paso correspondiente del gobierno de EU, nunca antes. Esa asimetría es la verdadera nota informativa.

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Inquietante naturalización

Lo más inquietante, sin embargo, no son las detenciones. Es la naturalización del ritmo. Rocha Moya sigue como gobernador con licencia. Inzunza sigue siendo senador. Y en Brooklyn, esta noche, Mérida escucha desde su celda el rumor de la cárcel donde también duerme El Mayo. Mientras siga la cordialidad de las llamadas, es imposible no sospechar que los presidentes ya han llegado a un cordial acuerdo de cómo ir procesando el tema Rocha Moya de manera que ambos gobiernos puedan haber ya encontrado la fórmula gana-gana, que les permita resolverlo pagando el menor costo interno posible.