La presidenta de México recurre constantemente a la mentira para enfrentar situaciones adversas, una práctica que también caracterizó a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué mentir? Esta pregunta involucra complejidades filosóficas, políticas y morales. La condena a la mentira es ancestral: en el judaísmo, el mandamiento "no darás falso testimonio" subraya que la verdad es divina; el cristianismo, con San Juan y San Pablo, rechaza la mentira; el Corán maldice a los mentirosos; el budismo exige "abstenerse de mentir". Sin embargo, la mentira persiste como recurso para sortear problemas u obtener poder.
La burbuja de la mañanera
La presidenta Sheinbaum miente porque, al parecer, no hay consecuencias. El morenismo se manifiesta en su acto de gobierno más tenaz: la mañanera, una burbuja donde se aplican normas distintas. Desde el Salón de Tesorería, el régimen crea una realidad paralela: bienestar, economía envidiable, obras sin precedentes, combate a la desigualdad. Todo ocurre ahí, de ocho a diez de la mañana, para consumo interno.
El caso del recorte escolar
El jueves anterior, el gobierno se desmintió a sí mismo. Sheinbaum y López Obrador juraron que la educación era prioridad, creando la Nueva Escuela Mexicana como "mecanismo de ascenso social más democrático". Sin embargo, decidieron recortar el calendario escolar cuarenta días, argumentando el Mundial de fútbol y el calor. La contradicción fue evidente: mintieron sobre sus prioridades. La inconformidad fue inmediata; organizaciones y ciudadanos exhibieron al gobierno por su desconocimiento y desinterés en educación.
Un día después, Sheinbaum mintió de nuevo: "Es una propuesta de Mario, viene de los Estados". Jalisco la contradijo: su secretario de Educación, Juan Carlos Flores, afirmó que nunca plantearon adelantar el ciclo escolar. Varias entidades apoyaron a Jalisco. La Ley General de Educación establece que solo el gobierno federal puede modificar el calendario.
¿Por qué mentir para sortear problemas? Es retórico: no los resuelve y ensucia su gobierno. ¿Debemos suponer que problemas financieros, de agua, energía o seguridad no se atienden, pero la educación sí? ¿O discernir que en educación miente, pero en el caso Rocha Moya o la corrupción de sus cercanos, no?



