Estamos a escasas semanas de que inicie el Campeonato Mundial de Fútbol, que por primera vez en la historia tendrá tres sedes simultáneas, incluyendo a México, y en el que participará el mayor número de equipos representativos del mundo. Estos eventos forman parte de una estructura global de negocios, pero siempre están vinculados a tensiones políticas. Hace 40 años, en 1986, cuando México fue sede mundialista, se vivió un momento significativo: el abucheo contra Miguel de la Madrid Hurtado marcó un hito y mostró el hartazgo popular ante la inflación, la pauperización masiva y el autoritarismo.
Eventos como amplificadores de protestas
No debe olvidarse que estos eventos, transmitidos en tiempo real a escala planetaria, se convierten en amplificadores para denuncias públicas. No puede descartarse que en uno o varios partidos en México se den manifestaciones o protestas.
Consumo de drogas y debilidades institucionales
El Mundial de 2026 ocurrirá en una sociedad con alta tolerancia al consumo de drogas lícitas e ilícitas y profundas debilidades institucionales para regular esos mercados. En México hay una normalización cultural del consumo, junto con una incapacidad estatal para construir políticas integrales de prevención y salud pública. La combinación de turismo masivo, consumo intensivo de alcohol y drogas, masculinidad exacerbada y dispositivos de seguridad arbitrarios puede generar un escenario delicado.
Riesgos de violencia y explotación
La experiencia internacional muestra que aumentan riñas, abusos policiales, mercados ilegales, explotación y violencia colectiva. El riesgo no son solo hechos esporádicos, sino la convergencia de fragilidades estructurales en espacios de alta exposición mediática y concentración humana.
Trata y explotación sexual
Existe insuficiente prevención contra la trata de personas y la explotación sexual de mujeres, niñas, niños y adolescentes. Organismos internacionales advierten que los grandes eventos deportivos propician redes de explotación sexual, sobre todo en contextos de desigualdad social, debilidad institucional y alta demanda turística. México enfrenta dificultades para combatir estos fenómenos debido a la limitada capacidad de investigación y la impunidad.
Estas formas de explotación se potencian en sociedades con desigualdades extremas, economías de supervivencia y una cultura que trivializa la violencia contra mujeres e infancias.
Más que un espectáculo
Lo que viene es mucho más que un espectáculo. El Mundial será una prueba de resistencia institucional, ética y social para un país que enfrenta enormes dificultades para garantizar seguridad, justicia y derechos humanos. Estos eventos pueden acelerar procesos disruptivos asociados a consumos de riesgo, maltrato, abuso, violencia y accidentes. Las tres principales causas de muerte entre jóvenes de 14 a 29 años son accidentes, suicidios y homicidios. El gran reto es evitar que esto se exacerbe.



